domingo, 24 de julio de 2016

La ropa que visto


Me hice un collar con cada grano de maíz desgranado con tus manos y unos aretes con el sonido de las mazorcas frotándose fuertemente.
Me hice un collar con cada grano de frijol majado y unos aretes con el sonido de los palos golpeando las vainas y los granos cayendo en el piso.
Me hice un collar con cada grano de café cortado con tus manos y unos aretes con el sonido de tus brazos abriendo las ramas para encontrar las cerezas.

Me hice un vestido de hojas de maíz y unos aretes con el sonido de tus manos arrancándolas de la mazorca.
Me hice un vestido de miles de cuentas de granos de granada y unos aretes con el sonido de su jugo salpicando dentro de mi boca.
Me hice un vestido de bagazo de caña y unos aretes con el murmullo de los hombres trabajando en el trapiche desde la madrugada.

Me hice unos zapatos de río y un sombrero de ahuehuetes frescos.
Me hice unos zapatos de tierra y un sombrero cristalino y azul como el cielo.
Me hice unos zapatos de musgo y un sombrero de brotes verdes y alegres.

Visto un abrigo de fuego y mi corazón quiere regresar al fogón de tu casa.
Visto un abrigo de fuego y mis ojos quieren ver el milagro de la levadura creciendo.
Visto un abrigo de fuego y mi boca desea el sabor de tu pan horneado.

Mis manos están vacías, abuela, y quieren tocar tu piel dura y arrugada.
Mi corazón te extraña y anhela escuchar de tu boca "lo que Dios diga, hijita".

jueves, 17 de marzo de 2016

¿A dónde se van los sonidos diáfanos?




Abuela ¿a dónde se van los sonidos que nos hacen felices?

¿En dónde guardas tú el sonido del viento que sopla los cañaverales, el del llanto de tus hijos, el del río crecido, el de la cereza de café arrancada, el canto de los pájaros, el del caminar de las mulas, el tronar del fuego de la zafra?

La risa de mi hija ¿dime en dónde he guardado yo ese sonido? Es tan suave como un remolino en un arroyo, tan corta como el zumbido de una abeja, tan diáfana como el agua que toca las piedras en la orilla de un río.

Escucho el llanto de mi hija y el sonido se va de mí como agua entre las manos, como pez en la corriente del río; luego de calmar su hambre o dolor, ya no se escucha más, ya no existe más en mis oídos.

La memoria es tan endeble, abuela dime ¿a dónde se van los sonidos que nos hacen felices? ¿Desaparecen? ¿Es en mi carne que quedan grabados? ¿Es en mis ojos? ¿En las arrugas de la piel?

Dime en dónde se guardan esos sonidos; quiero confiar, como tú, que podré seguir siendo enteramente feliz aunque mis tímpanos nunca más vibren con las palabras de mi hija pequeña.

lunes, 11 de mayo de 2015

Fuiste siete veces madre.



Dices, abuela, que las mujeres somos como la tierra: fértil, amplia y profunda, germina la vida o guarda también la muerte. Protege, alimenta y permite brotar hacia el cielo; cubre, desintegra y reserva la memoria de los que quedan vivos.

Esto de ser madre existe calladamente en el corazón, habita en silencio, como el sosiego de la tierra reposada; habita en cada cosa hecha día con día, como el alimento ofrecido a una semilla germinando. Esta fuerza no se anuncia ni se autoproclama, no por sumisión ni humildad, sino porque el corazón de madre solamente necesita existir en cada acción hecha día a día.

Creo, abuela, que los corazones de las madres se averguenzan cuando permiten el halago jactancioso y la etiqueta de "mejor madre del mundo" ¿Cuántas quisieramos decir lo imperfectas que somos? ¿Cuántas quisieramos limpiar la castidad y la integridad de nuestros actos? Siendo la la vida tan abundante, tan exuberante y llena de posibilidades ¿en dónde cabe la pureza?

Puedo agradecerte muchas cosas como tus manos duras trenzando mi cabello o llevarme a la iglesia aúnque no me gustaba rezar ni escuchar misa; los vestidos con olanes que me regalabas y los ejemplos de niña recatada que debía yo comprender y por supuesto seguir.

No puedo más que respetarte por tu abrazo grande como un campo de maíz, por el sustento de vida que a ti te satisfizo mientras lo ofrecías y que a mí me hizo brotar de entre tus poros hacia las nubes.